
La exposición al sol es una de las principales fuentes de vitamina D, aunque especialistas advierten sobre la necesidad de equilibrar el tiempo al aire libre con medidas de protección para evitar daños en la piel.
La vitamina D se genera cuando la piel entra en contacto con la radiación solar, especialmente durante determinadas horas del día.
Este proceso es clave para funciones como la salud ósea y el sistema inmunológico.
Expertos señalan que bastan entre 10 y 20 minutos de exposición diaria al sol, dependiendo del tipo de piel y la intensidad de la radiación, para producir niveles adecuados de vitamina D sin necesidad de prolongar la exposición.
El uso de protector solar es recomendado tras el tiempo inicial de exposición, ya que su aplicación reduce el impacto de la radiación ultravioleta.
Los especialistas indican que su uso es clave para prevenir daños acumulativos en la piel.

Una exposición prolongada al sol sin protección puede aumentar el riesgo de quemaduras solares, envejecimiento prematuro y enfermedades cutáneas.
Por ello, se insiste en evitar las horas de mayor intensidad solar.
La cantidad de vitamina D que produce el cuerpo depende de variables como el tipo de piel, la ubicación geográfica, la estación del año y el horario de exposición, lo que hace que las recomendaciones puedan variar entre personas.