
Nuevas directrices médicas posicionan a la terapia cognitivo conductual para el insomnio (CBT-I) como tratamiento principal frente al uso de fármacos, en línea con evidencia científica acumulada en estudios clínicos y revisiones sistemáticas.
La CBT-I es considerada el tratamiento inicial recomendado para el insomnio crónico, ya que aborda las causas del problema y no solo los síntomas, según guías clínicas de instituciones como Mayo Clinic.
Investigaciones muestran que esta terapia puede ser tan efectiva como los medicamentos en el corto plazo y más efectiva a largo plazo, además de mejorar la calidad del sueño sin generar dependencia.
Revisiones sistemáticas como las de Cochrane Library indican que la CBT-I mejora la calidad del sueño y reduce la severidad del insomnio, aunque con distintos niveles de evidencia según los estudios analizados.

La terapia se aplica en programas de entre 4 y 8 sesiones, combinando técnicas cognitivas y conductuales para modificar hábitos y pensamientos que afectan el sueño, según literatura científica en neurología y psicología clínica.
Metaanálisis publicados en revistas científicas muestran que la CBT-I logra mejoras significativas en la latencia del sueño, su duración y calidad, con efectos que se mantienen incluso después de finalizar el tratamiento.
El modelo basado en terapia psicológica busca reducir el uso prolongado de medicación, priorizando intervenciones no farmacológicas respaldadas por evidencia, dentro de un enfoque integral del trastorno del sueño.