
El cobre se encamina a registrar su racha alcista más prolongada desde 2017, impulsado por tensiones en la cadena de suministro y por envíos anticipados del metal hacia Estados Unidos ante la posibilidad de nuevos aranceles.
En diciembre, el precio llegó a avanzar hasta 3%, alcanzando niveles cercanos a USD 12.594 por tonelada, con ocho jornadas consecutivas de ganancias.
Operadores del sector comenzaron a redirigir grandes volúmenes de cobre a puertos estadounidenses como medida preventiva frente a eventuales gravámenes a las importaciones.
Este comportamiento redujo la disponibilidad en otras regiones y añadió presión sobre los precios en los mercados internacionales.
Los futuros del cobre acumulan un avance superior al 40% en lo que va del año, lo que representa el mayor incremento anual desde 2009.
A este movimiento se sumó la depreciación del dólar estadounidense, que abarató los metales para compradores que operan en otras monedas, con el índice del dólar retrocediendo alrededor de 8% en 2025.
Durante el año se registraron interrupciones en minas de cobre en países productores clave, como Indonesia y Chile, así como en la República Democrática del Congo.
En paralelo, el mercado de otros metales también enfrentó limitaciones, con presiones sobre el aluminio por costos energéticos elevados y restricciones de suministro en China, además de cortes en minas de zinc.

La prima de los contratos de cobre negociados en Estados Unidos frente a referencias europeas se redujo en los últimos días.
Sin embargo, los inventarios en bolsas estadounidenses continúan en aumento, en un contexto en el que los flujos comerciales siguen concentrándose en el mercado norteamericano.
En la Bolsa de Metales de Londres, el cobre llegó a subir 1,9%, ubicándose en torno a USD 12.448 por tonelada en las últimas operaciones.