
El oro retomó las alzas luego de que Irán rechazara una propuesta impulsada desde Estados Unidos para avanzar hacia un alto al fuego.
En esa misma jornada, el metal llegó a subir hasta 2,8%, mientras el petróleo bajó y las acciones mostraron repunte en medio de un nuevo reacomodo de posiciones en los mercados.
El movimiento cortó una racha previa de bajas del metal precioso, en un escenario todavía marcado por la tensión en Medio Oriente y por la incertidumbre sobre una eventual salida diplomática.
La suba del oro se produjo mientras los operadores volvían a medir el impacto de la guerra sobre la inflación, las tasas de interés y los activos considerados de resguardo.
En paralelo, el crudo retrocedió y las bolsas mostraron avances, en una jornada en la que los inversores recalibraron riesgos tras la negativa iraní a la propuesta de tregua.
Durante la rueda, el oro al contado llegó a avanzar 1,8% hasta los USD 4.558,27 por onza en Nueva York, luego de haber registrado previamente un salto de hasta 2,8%.
La plata también acompañó la tendencia y subió 2,2%, mientras otros metales mostraron desempeños mixtos dentro del mercado internacional.
Uno de los factores que continúa incidiendo sobre el metal es la preocupación por el efecto de los precios de la energía sobre la inflación global.
Ese escenario alimenta la expectativa de que la Reserva Federal y otros bancos centrales mantengan sin cambios las tasas o incluso evalúen nuevas subas, un punto que suele incidir sobre el comportamiento del oro, ya que se trata de un activo que no genera rendimiento.

El informe también señala que la presión sobre acciones y bonos obligó a algunos inversores a vender posiciones en oro para obtener liquidez, lo que amplificó pérdidas anteriores.
A la vez, se menciona que los bancos centrales siguieron teniendo un papel relevante en este mercado. Desde 2022, la acumulación de lingotes por parte de esas entidades fue uno de los factores que acompañó la tendencia alcista del metal, aunque el ritmo de compras se había moderado al inicio de este año.
La evolución del conflicto sigue ocupando un lugar central en la reacción de los inversores, no solo por su impacto geopolítico, sino también por sus efectos sobre energía, inflación y financiamiento.