
Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo señala que la producción promedio de cada trabajador en América Latina equivale al 26% del nivel registrado en Estados Unidos. La diferencia implica que la región necesita casi cuatro personas ocupadas para generar lo mismo que un trabajador estadounidense.
El documento explica que esta distancia no está relacionada necesariamente con trabajar menos horas, sino con las condiciones disponibles para realizar las tareas. Entre los factores aparecen la menor incorporación de tecnología, la falta de capacitación, la baja inversión y las limitaciones de infraestructura.
La capacidad de generar bienes y servicios por cada persona empleada permanece prácticamente estancada desde hace varias décadas.
Durante los últimos veinte años, el avance fue más lento que en otras partes del mundo y aumentó la separación frente a las economías desarrolladas.
El Banco Interamericano de Desarrollo vincula este comportamiento con problemas acumulados en el mercado laboral, como la elevada informalidad, las diferencias educativas, la escasa innovación y las dificultades que enfrentan las empresas para invertir y ampliar sus operaciones.

El análisis sostiene que el desafío no pasa únicamente por aumentar la cantidad de horas trabajadas, sino por elevar el valor producido durante cada jornada. Para eso se requieren equipos, conocimientos, tecnología, infraestructura y un entorno que permita a las empresas funcionar con mayor eficiencia.
Las trabas regulatorias, la inseguridad jurídica y las dificultades para acceder a capital también aparecen entre las condiciones que frenan la incorporación de nuevas herramientas y la creación de puestos con mayor nivel de producción.
El ingreso laboral real de los trabajadores latinoamericanos aumentó apenas 18% durante las últimas tres décadas, cerca de la mitad del crecimiento observado en las economías más ricas que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
El informe advierte que una mayor producción por trabajador no se convierte automáticamente en salarios más altos. Para que tenga efecto sobre el nivel de vida, parte de ese crecimiento debe llegar a los empleados mediante mejores remuneraciones.
En 2024, solo el 46% de los trabajadores de América Latina realizaba aportes a la seguridad social. Con el ritmo actual, un país promedio de la región necesitaría más de 80 años para alcanzar un nivel de formalización similar al de Uruguay.
Además, apenas alrededor del 28% de las personas ocupadas cuenta con un empleo asalariado en una empresa privada y con cobertura de seguridad social. El resto se distribuye entre actividades informales, trabajos independientes y otras modalidades con menor estabilidad.
La región también enfrenta una desaceleración en el crecimiento de su población laboral debido al envejecimiento demográfico. Esto limita la posibilidad de sostener la expansión económica mediante la incorporación constante de más personas al mercado de trabajo.