
Las temperaturas elevadas durante la noche están recortando las horas de descanso en distintas partes de América Latina. Un análisis de la organización independiente Climate Central, realizado sobre 1.338 ciudades del mundo, estimó que entre 2020 y 2025 una persona perdió en promedio cerca de 56 horas de sueño por año debido al calor ambiental, mientras que varias ciudades latinoamericanas superaron ampliamente ese nivel.
Entre las ciudades analizadas, Acapulco, en México, y Barranquilla, en Colombia, registraron una pérdida estimada de 93 horas de sueño por año vinculada a temperaturas nocturnas elevadas.
Cancún, Cartagena, Maracaibo y São Luís también aparecen entre los puntos con mayores registros, con 91 horas anuales. En Maracaibo, ocho de esas horas fueron atribuidas al calentamiento provocado por las emisiones humanas, mientras que en Cartagena fueron seis.
La lista muestra diferencias importantes entre ciudades. La Habana y Fortaleza alcanzaron 87 horas anuales, mientras que Managua llegó a 83 horas.
Santo Domingo y Guayaquil registraron 76 horas, San Salvador 74 y San Pedro Sula 73. Más abajo aparecen Río de Janeiro con 69 horas, Caracas y Santa Cruz de la Sierra con 67, Lima con 53 y Brasilia con 52.
El fenómeno no está limitado a las ciudades tropicales con los registros más elevados. São Paulo acumuló una pérdida estimada de 47 horas de sueño al año, mientras Buenos Aires llegó a 44 horas.
Ciudad de México registró 23 horas, Bogotá 21 y Santiago 27. La proporción atribuida directamente al cambio climático varía entre las ciudades analizadas.

Climate Central calculó que, de las 56 horas anuales de sueño perdidas en promedio a nivel mundial, aproximadamente seis horas están directamente relacionadas con el calentamiento generado por emisiones humanas.
El análisis también encontró que la proporción de pérdida de descanso asociada al calentamiento global aumentó considerablemente desde la década de 1970 en casi todas las ciudades estudiadas.
El estudio indica que el efecto de las temperaturas nocturnas elevadas es más del doble entre personas mayores de 65 años frente a adultos de mediana edad.
También encontró un impacto cercano a tres veces mayor entre habitantes de países de ingresos medios-bajos respecto a quienes viven en países de ingresos altos. Climate Central señala además diferencias relacionadas con el clima habitual de cada lugar y el acceso de los hogares a sistemas de refrigeración.