
La Unión de Gremios de la Producción (UGP) planteó la necesidad de reforzar la infraestructura rural y adoptar medidas preventivas frente a las lluvias asociadas a El Niño, con especial atención a caminos, puentes y sistemas de drenaje utilizados para movilizar la producción agropecuaria.
El tema fue abordado durante una reunión del Consejo Asesor Agrario, donde también se analizó la coordinación entre el sector público y el privado ante las condiciones climáticas previstas.
El sector productivo centra una parte importante de su preocupación en la posibilidad de que las precipitaciones dejen caminos intransitables o zonas anegadas, dificultando el traslado de cosechas, animales e insumos.
La situación tendría una incidencia particular sobre productos perecederos, como frutas y hortalizas, que necesitan llegar al mercado dentro de plazos reducidos.
Entre las medidas planteadas se encuentran la limpieza de drenajes y alcantarillas, el mantenimiento de estructuras para conducir el agua y la preparación anticipada de los caminos rurales antes de los periodos con precipitaciones más intensas. También se considera necesaria información meteorológica oportuna para que los productores puedan organizar las tareas en el campo.
Las consecuencias pueden variar dependiendo de cada zona. En terrenos bajos, una acumulación importante de agua podría afectar cultivos como el arroz, mientras que en áreas más elevadas una sucesión de días lluviosos puede complicar las tareas agrícolas y el manejo sanitario de las plantaciones.
La preocupación no se limita a los cultivos. Actividades como la producción lechera, porcina y ganadera requieren vías transitables para trasladar diariamente productos, animales y suministros.
En determinadas zonas del Chaco, además, existe preocupación por eventuales inundaciones que puedan dificultar el acceso a comunidades y el abastecimiento de productos básicos.

Dentro de las acciones preventivas también se planteó adelantar la siembra de soja cuando las condiciones del suelo lo permitan, buscando acomodar el calendario productivo al comportamiento esperado de las lluvias.
El impacto de las precipitaciones ya aparece en algunos cultivos. La cosecha de maíz avanza con dificultades por los niveles elevados de humedad, una situación que comenzó a incidir sobre la calidad del grano en determinadas regiones.
El trigo, mientras tanto, continúa su desarrollo con la atención puesta en las precipitaciones que puedan registrarse durante la cosecha prevista entre finales de agosto y septiembre. En paralelo, los productores preparan la campaña de soja 2026/2027, cuyo lanzamiento está previsto para el 4 de septiembre en Canindeyú.
Parte de los productores también mantiene obligaciones financieras originadas después de la sequía de 2022, mientras áreas de San Pedro, Canindeyú y Caaguazú acumulan varias campañas afectadas por condiciones climáticas, un escenario que limita el margen financiero de algunas explotaciones agropecuarias.